Untitled Document

 

"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

www.surda.se

 

 

05-02-2011

 

 

 

 

Un comité para la transición

SURda

Internacionales

Robert Fisk

La plaza amaneció con más militares y cercos de alambre de púas, para que no hubiera violencia. La oposición votó –por Twitter– una lista de nombres públicos que podrían abrir el diálogo con el vicepresidente Suleiman.


Encerrados en un nuevo cordón de tropas con cascos antimotines y rollos de alambre de púa –la protección que Washington había exigido para los manifestantes de la plaza Tahrir–, las decenas de miles de jóvenes egipcios que pedían ayer el derrocamiento de Hosni Mubarak dieron el primer paso político para crear una nueva nación que reemplace el gobierno corrupto que los comandó durante 30 años.

Sentados en el sucio pavimento, en medio de la basura y las piedras rotas después de una semana de lucha en la calle, hicieron una lista de 25 personalidades políticas para que negocien un nuevo liderazgo político y una nueva Constitución para reemplazar el régimen de Mubarak que se desmorona.

Incluyen a Amr Musa, secretario general de la Liga Arabe y un egipcio confiable; el ganador del Premio Nobel Ahmed Zuwaik, un egipcio-estadounidense que asesoró al presidente Barack Obama; Mohamed Selin al-Awa, profesor y autor de estudios islámicos cercano a los Hermandad Musulmana; y el presidente del partido Wafd, Said al-Badawi. Otros nominados para el comité, que debía reunirse con el vicepresidente Omar Suleiman en 24 horas, son Nagib Suez, un importante empresario de El Cairo (involucrado en los mismos sistemas de celulares cerrados por Mubarak la semana pasada); Nabil al-Arabi, un delegado egipcio a la ONU; y hasta el cardiocirujano Magdi Yacoub, que vive ahora en El Cairo.

La selección –y los “electores” del comité provisional de los manifestantes de la plaza Tahrir y de Facebook y Twitter– no fue confirmada, pero marca el primer intento serio de volcar las masivas protestas callejeras de los últimos siete días en una maquinaria política que prevé un futuro más allá del derrocamiento del muy odiado presidente. Las primeras tareas del comité serían redactar una nueva Constitución egipcia y un sistema electoral que evite la trampa de la presidencia de por vida que las elecciones fraudulentas de Mubarak crearon. En cambio, los presidentes egipcios estarían limitados a dos períodos consecutivos en el poder, y el período presidencial sería reducido de seis a cuatro años.

Pero nadie involucrado en esta iniciativa tiene ninguna duda sobre el sombrío futuro que les espera si su valiente incursión en la política práctica fracasa. Hubo más bajas en la plaza Tahrir durante la noche –un ingeniero, un abogado y un hombre joven murieron– y la policía de civil fue descubierta nuevamente en la plaza. Hubo más batallas menores de lanzamiento de piedras durante el día, a pesar de la aumentada presencia militar, y la mayoría de los manifestantes temen que si abandonan la plaza serán arrestados inmediatamente, junto con sus familias, por el cruel aparato de seguridad estatal de Mubarak.

Ya hay sombríos informes de manifestantes que osaron regresar a sus hogares y desaparecieron. El escritor Mahamed Fadel Fahmy, que está involucrado en las discusiones del comité, teme por su vida. “Estamos seguros mientras tengamos la plaza”, me dijo ayer, instándome a publicar su nombre como un símbolo de la libertad que exige. “Si perdemos la plaza, Mubarak arrestará a todos los grupos de oposición y habrá un Estado policial como nunca antes. Es por eso que luchamos por nuestras vidas.” La policía de seguridad estatal tiene ahora largas listas con los nombres de los manifestantes que dieron entrevistas por televisión o fueron citados en los diarios, en Facebook y Twitter.

Los manifestantes identificaron crecientes divisiones entre el ejército egipcio y los matones del Ministerio del Interior, cuyos guardias intercambiaron disparos con soldados hace tres días mientras seguían ocupando el edificio en cuyo sótano las cámaras de tortura permanecieron indemnes a pesar de la lucha en la calle. Estas eran los mismos cuartos del horror a las que eran enviados los prisioneros “transferidos” por Estados Unidos para un tratamiento “especial” a manos de los más sádicos torturadores de Mubarak, otro favor que une al régimen egipcio a los Estados Unidos como un aliado “confiable”.

Otro joven involucrado en las selecciones para el comité admitió que no confiaba en Omar Suleiman, el ex jefe de los espías y negociador entre Israel y Palestina a quien Mubarak nombró esta semana como vicepresidente. Suleiman es, de paso, quien estuvo echándole la culpa por la crisis a la prensa extranjera, una forma tan despiadada como deshonesta de ejercer sus primeros días en el poder. Sin embargo, se mostró más hábil con los manifestantes en la plaza Tahrir, al brindarles protección del ejército.

Ayer a la mañana, ante el asombro de todos los que estábamos parados sobre el lado occidental de la plaza, un convoy de cuatro por cuatro con las ventanillas polarizadas emergió de pronto de los jardines del vecino Museo Egipcio, deteniéndose frente a nosotros y rodeado inmediatamente por una guardia pretoriana de enormes soldados con boinas rojas (eran guardias de seguridad realmente gigantescos, con rifles con mira telescópica). Luego, del vehículo del medio surgió la diminuta figura con lentes del mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, jefe de Estado Mayor del ejército egipcio y amigo de toda la vida de Mubarak, con un kepi verde militar y la insignia de las espadas cruzadas de general en los hombros.

Era una visita que cortaba la respiración, saludando brevemente a los manifestantes que se acercaban al cordón militar para ver esta extraordinaria llegada. La multitud gritaba. “El ejército egipcio es nuestro ejército”, cantaban al unísono. “Pero Mubarak no es nuestro.” Era un mensaje para que Tantawi lo llevara de vuelta a su amigo Mubarak, pero su visita era en sí misma un poderoso símbolo político. No importa cuánto pueda despotricar Mubarak contra las “manos extranjeras” detrás de las exigencias para derrocarlo, y cuántas mentiras Suleiman pueda decir sobre los periodistas extranjeros, Tantawi mostraba que la misión del ejército era en serio proteger a los manifestantes. La reciente declaración militar de que nunca dispararía sobre aquellos que querían destronar a Mubarak, ya que sus quejas eran “legítimas”, fue autorizada por Tantawi. De ahí la fe de los manifestantes –ingenua y peligrosa– en la integridad de las fuerzas armadas.

Ausentes de la lista de las figuras propuestas para el comité están Mohamed El Baradei, el ex inspector de armas de la ONU y Premio Nobel, y los miembros de la Hermandad Musulmana, el fantasma “islamista” que Mubarak y los israelíes siempre colgaban frente a los estadounidenses para persuadirlos de que mantuvieran a Mubarak en el poder. La insistencia de los hermanos musulmanes en no unirse a las conversaciones hasta la partida de Mubarak –y su apoyo a El Baradei, cuyas débiles ambiciones presidenciales (del tipo “transicional”) no lo congraciaron con los manifestantes–, efectivamente los excluyen. Suleiman, maliciosamente, invitó a los hermanos a reunirse con él, sabiendo que no lo harían hasta que Mubarak se fuera.

Pero la presencia de al-Awa en el comité y la del intelectual islamista Ahmed Kamel Abu Magd, asegurará que sus opiniones estén incluidas en cualquier discusión con Suleiman. Esas conversaciones también deberían cubrir los derechos constitucionales y civiles, y una cláusula especial que le permita a Suleiman gobernar Egipto temporariamente porque “el presidente es incapaz de realizar sus deberes”.

A Mubarak se le permitiría vivir privadamente en Egipto siempre que no tome parte –pública o secretamente– en la vida política del país. Es considerado un feroz gobernante que no dudará en decapitar a la oposición si se mantuviera en el poder.

“Es uno de la vieja escuela, como Sadam y Arafat, que en los dos últimos días mostró su verdadero rostro”, dijo ayer otro partidario del comité. “Es el hombre detrás de los ataques sobre nosotros y de las muertes por disparos.” Mohamed Fahmy sabe lo que esto significa. Su propio padre estuvo exiliado durante siete años, después de proponer protestas idénticas para sacarse de encima el poder de Mubarak.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción : Celita Doyhambéhère.

Fuente : http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/161787-51822-2011-02-05.html


 

 

 
Copyright © 2007 SURda All rights reserved. webmaster@surda.se